cuando las palabras atropellan

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cuando las palabras atropellan

Mensaje por Victoria el 1/4/2011, 9:00 pm

Las palabras pueden herir más que los puñales. Y como nuestra forma de expresarnos casi siempre resulta demoledora, nos corresponde ser más prudentes a la hora de abrir la boca.

­¿A qué viene el consejo?

A que muchas veces, movidos por las emociones, pronunciamos palabras que no convienen y, sin medir el alcance de ellas, terminamos ofendiendo a la gente.
¡Cuidado con lo que decimos, sobre todo si tenemos algún tipo de rencor!

Todos hablamos demasiado, sin pensar el dolor que causamos. ¿Cuántas personas alejamos de nuestro lado por una palabra mal dicha?
Debemos velar porque las opiniones sean edificantes, antes que destructivas. Lo que decimos no debe ser un instrumento para hablar contra las personas, para propiciar polémicas sin sentido; ni tampoco para engañar o dejarnos enredar y ser engañados.

Las groserías, por citar un ejemplo, atropellan más de la cuenta. Con ellas no sólo demostramos una mala educación, sino que además irrespetamos a los demás. De manera adicional, herimos y le bajamos la autoestima a quien las escucha.

Al pronunciar palabras soeces, maltratamos verbalmente. Eso, sin lugar a dudas, es una de las más frecuentes formas de violencia en nuestra vida diaria.

Debemos abandonar los juicios negativos; también es importante dejar atrás la ira. Antes que pronunciar palabra alguna; debemos aceptar lo que recibimos, sin importar lo grande o lo pequeño que sea.
En el momento menos indicado, una sola palabra les destruye una ilusión o les mata los sueños a quienes nos rodean.

Ahora bien, pronunciar palabras no tiene nada que ver con el nivel intelectual de cada quien. No es necesario ser orador, ni poeta, ni mucho menos artista. Hay oradores que hablan por hablar y otros que hablan muy bien; pero muy pocos son los que lo hacen con el verdadero sentimiento que traen sus palabras.

Se debe llevar una vida consecuente con lo que se dice. En la absoluta sinceridad al hablar y en el testimonio que demos de nuestra vida diaria, están las cosas que nos transmiten la verdadera energía de la palabra pronunciada.

Debemos evitarles a los demás aquellas frase que les amarguen de manera inútil sus vidas.

¿No nos gusta que hablen mal de nosotros?
Si eso es así, no tenemos derecho a criticar a nadie. No acreditemos nuestra forma de ser ‘desacreditando’ las de los demás.


MURMURADORES

No nos gustan que nos critiquen, pero nos la pasamos criticando a los demás. Pues bien, andar por ahí ‘rajando del vecino’ genera mucho dolor. Los chismosos no atropellan con carros, pero sí lo hacen con sus palabras.

Las DULCES expresiones

En un tiempo, ya lejano por cierto, cuando los novios se casaban no se les arrojaba arroz al salir de la iglesia.

Había una bella costumbre, que iba por cuenta de los padres de los recién casados. Consistía en que cada uno de ellos le daba a su hijo una pequeña cucharada de azúcar. Los papás les decían a los novios:

- “Si son dulces en sus palabras, tendrán un hogar feliz y vivirán en paz”.
Y es cierto: hablar en pareja y hacerlo de una manera honesta y sincera, resulta válido en aquellos días áridos, cuando nos sentimos despedazados por los disgustos. Por eso, lo que vaya a decir, por duro que sea, dígalo con flores; o mejor, pronúncielo con suavidad.

bella historia

En una selva de África vivían tres leones,
pero no se sabía cuál de ellos era el rey.
¿Cómo elegir a uno de ellos como el verdadero monarca?
Los animales se reunieron y después de mucho deliberar llegaron a una decisión y se la comunicaron a los leones:
- Decidimos que ustedes van a escalar una montaña difícil. El que llegue primero a la cima, será consagrado como nuestro rey.
El desafío fue aceptado y todos los animales se reunieron para asistir al gran certamen.
El primer león intentó escalar y no pudo llegar; el segundo empezó con todas las ganas, pero, también fue derrotado; y el tercero tampoco lo pudo conseguir.
Y si los tres leones fueron derrotados, ¿cómo elegir a un rey? se preguntaron los animales.
En ese momento, un águila pidió la palabra y dijo lo siguiente:
- Yo estaba volando bien cerca de ellos y cuando volvían derrotados de sus escaladas, escuché lo que cada uno le dijo a la montaña.
El primer león dijo: ¡Montaña, me venciste!
El segundo león replicó: ¡Montaña, también me ganaste!
El tercer león dijo: ¡Montaña, por ahora me venciste! Pero tú ya llegaste a tu tamaño final y yo todavía estoy creciendo.
¡Y ahí estuvo la clave de la decisión!
La diferencia es que el tercer león tuvo una actitud de vencedor cuando sintió la derrota en aquel momento; pero no desistió. Y quien piensa así, su persona es más grande que su problema. Él es el rey de sí mismo y está preparado para ser el monarca de los demás.
fuente www.vanguardia.com gracias a Euclides Ardila Rueda por permitirme publicar este mensaje en el foro ;)




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