Las palabras retadoras invitan a la desobediencia

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Las palabras retadoras invitan a la desobediencia

Mensaje por Victoria el 11/1/2010, 11:57 am

Permitimo que piensen a que luchen.
Las palabras retadoras invitan a la desobediencia.
Cuando las usamos trazamos una línea en la arena y desafiamos a nuestros hijos a cruzarla. Esas palabras incluyen tres tipos de órdenes:
Cuando les decimos a los chicos que deben hacer: “empieza ahora mismo a trabajar el jardín.
Cuando les decimos que cosas no permitiremos: “No hablaras de esa manera!”
Cuando les decimos que es lo que no haremos por ellos “No saldrás de la casa hasta que no limpies tu cuarto.
Palabras retadoras “No puedes ir a jugar hasta que no aprendas tu lección”.
Palabras pensadas “si puedes ir a jugar apenas termines de estudiar tu lección.”
Palabras retadoras “ No puedes mirar televisión hasta que termines tus tareas.”
Palabras pensadas: “si puedes mirar la televisión tan pronto como termines tus tareas.”
Cuando damos esas órdenes, llamaos a los chicos a la batalla y , en muchos casos , no estamos en condiciones de hacerles frente.
¿Acaso es mejor usar palabras contra las que no pueden luchar? Nuestros límites pueden marcarse en forma más efectiva si no estamos luchando con los chicos. Esta claramente comprobado que , si están pensando , no pueden luchar al mismo tiempo .
Los padres del amor y de la lógica habla si
Que permitimos: “Cuando quieras puedes venir a comer con nosotros, tan pronto como el pasto este cortado.”
Qué haremos “Me encantará leerte un cuento apenas termines de bañarte.”
Que hay para comer: “puedes comer lo que este servido o esperar a ver si la próxima comida te gusta más.”
Nuestros chicos tienen pocas probabilidades de luchar contra estas afirmaciones. Están muy ocupados pensando en las elecciones que se les han ofrecido y en las consecuencias.
Al usar estas palabras, establecemos límites sin decirles que deben hacer. Por ejemplo si queremos que el cuarto este arreglado antes de la próxima comida, ponemos el límite con una elección arreglar el cuarto y comer o no arreglar el cuarto y no comer.
Claro que los chicos probablemente dirán que eso n oes es justo , la respuesta se halla en que nuestras elecciones siempre deben estar de acuerdo con el “mundo real” de modo que le diremos a nuestro hijo “ En fin querido , así es como marcha el mundo para mi . Primero hago mi tarea, luego me pagan y luego como. Si es bueno, creo que también debe serlo para ti” Un poco a la defensiva el niño responderá que está de acuerdo. Y nosotros retribuiremos con un “bien pensado”.
Cuando a los chicos de damos el derecho de tomar decisiones, no tienen nada contra rebelarse. Nadie piensa en lugar de ellos y el límite queda establecido.

Digan realmente lo que quieren decir
Tan pronto como los chicos saben donde están los limites, tendrán que probarlos necesitan hacerlo para asegurarse que son firmes y les darán seguridad. Necesitan comprobar que nuestras palabras responden a nuestras intenciones.
Muchos chicos tienen su rutina especial. Algunos usan la cólera, otros la culpa y otros aparentan olvidarse para probar el grado de resolución de los padres. Nunca parecen decir: “Gracias papá, ahora sé que cuando dices algo es cierto, por eso me siento mucho más seguro. Me agrada que me ames lo suficiente como para imponerme limites” . En lugar de eso, se quejan, lloran, contestan o se refugiaran es sus cuartos.
Tampoco están exentos de tendernos trampas de culpa. Si les decimos que terminen su tarea con un “Imagínense, nos educa un padre que ni siquiera nos deja de comer”
Harán cualquier cosa para que nos retractemos, pero debemos mantenernos firmes. Después de todo, el límite impuesto ha resultado de elección de los niños. Claro que estarán hambrientos si decidieron postergar su comida porque no querían arreglar el cuarto.
Por cierto nos duele que tengan hambre. Sabemos lo que significa perder una comida y se lo decimos con toda consideración “Es horrible no comer, pero así se disfruta mucho mas el próximo alimento”.
Si nos echamos atrás, anulamos el sentido de esas consecuencias. Imponemos límites frágiles. Si nos enojamos frente a la elección realizada o les decimos “Te lo advertí” también ofrecemos limites débiles. Esos chicos tienen razón si enfocan su enojo hacia nosotros y no hacia las acciones de ellos mismos.
Las palabras pensadas, el dar oportunidades y el no enojarse son todos los ingredientes que contribuyen a establecer límites para nuestros hijos.
Del libro ser padres con amor y lógica








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